Las borrascas le han sentado muy bien al parque nacional de las Tablas de Daimiel, que estrena la primavera meteorológica esta semana con 1.000 hectáreas inundadas de las 1.500 posibles, el río Gigüela aportando agua (desde el 11 de febrero) , y una espectacular presencia de aves.
No ocurría desde febrero de 2017, casi una década después de la última gran remontada de un maltrecho humedal vinculado a las aguas subterráneas, que ya es casi totalmente dependiente de las aguas superficiales y la abundancia de lluvia, como este 2026.
Espectacular censo de aves en febrero
Lo bueno de las Tablas de Daimiel es que son tan extraordinarias que cualquier mínima mejora en la aportación de agua supone un estallido de vida exponencial. El último censo de aves de febrero -a falta la época de nidificación y apareamiento- ha constatado la presencia de 900 patos cuchara, 1.750 ánades frisos, 1.600 ánades azulones y 2.000 cercetas comunes.
Aves en peligro de extinción
Aves en peligro de extinción se han censado 55 cercetas pardillas, 60 porrones pardos, casi 700 porrones europeos, 400 patos colorados, 3.500 fochas e incluso 2.200 grullas, aunque a estos pájaros les quedan días para marcharse al norte.
Y todo con el río Gigüela aportando agua al parque y muchos otros arroyos como Casablanca o Cañada del Gato llevando agua hacia las Tablas en los últimos días de estabilidad después de las borrascas.
“Vamos en la buena dirección”
Son datos excelentes, aunque el director-conservador Carlos Ruiz de la Hermosa opta por la cautela, “soy plenamente consciente de lo efímero que puede ser el momento”, contesta a la pregunta de si estamos ante la mejor primavera de las Tablas. “Vamos en la buena dirección, me quedo ahí”.
Las Tablas reviven por tercer año consecutivo tras la lenta agonía desde el último periodo húmedo 2011-2014, que por desgracia coincidió con un episodio de contaminación por las aguas residuales de la depuradora Manzanares-Membrilla, del que el humedal tardó años en reponerse.
Las cosas van mejor ahora. Este invierno de 2026 es el tercer año que río Gigüela corre de manera natural por el parque nacional, la diferencia con 2024 y 2025 es que entonces fue en los meses de abril y marzo, respectivamente. El año pasado, cuando el parque fue noticia por el récord histórico de censo de aves, en el tablazo central la escala del nivel de agua llegó a 66, “este año vamos por 55 en febrero y el Gigüela ha entrado como un mes antes”, comenta De la Hermosa.
Otra novedad del parque en este inicio del mes de marzo es que es el invierno con más agua desde la restauración ambiental que sacó el carrizo y el fango de la Isla del Pan, la popular zona de pasarelas. Ahora es la masiega -el parque tiene vivero propio- que se replantó trayéndola de las Lagunas de Ruidera, la que vuelve a colonizar el humedal.
Crecimiento exponencial de las visitas
El adelanto de la inundación con respecto al año pasado supone también una explosión de visitas y turismo de naturaleza. El fin de semana del 21 de febrero el parque volvió a ser foco de atracción de daimieleños y visitantes de toda la comarca. Y este último fin de semana de la fiesta de Andalucía, con festivo escolar este lunes en cinco provincias de esa comunidad, se ha notado más aún.
Desde que se estabilizó el tiempo las Tablas de Daimiel es el paraje natural porque el que más gente pregunta en Ciudad Real. “Hacía muchísimo tiempo que no las veía así”, comenta una visitante, en animada discusión con su acompañante por saber cuándo vieron las Tablas como ahora.
El entusiasmo se nota también en las empresas que hacen visitas guiadas a un humedal tan resiliente como las Tablas, cada vez más protegido por un prehumedal de exfincas agrícolas que ha comprado el Ministerio para la Transición Ecológica para recuperar derechos de agua, reforzar la protección ambiental y mejorar la conectividad ecológica .
“Es posible que este año podamos cumplir lo que dice nuestro plan rector de uso y gestión, que fija que debemos tener unas 1.400 hectáreas inundadas cuando empieza la primavera”, matiza Ruiz de la Hermosa.
El máximo de inundación se espera para dentro de unas semanas, incluso aunque no llueva. Tal y como fueron los últimos marzos, es muy posible que las Tablas reciban un nuevo empujón de lluvias. Que no se sequen completamente en verano sería todo un logro.
El nuevo centro de visitantes, en verano
Precisamente para el verano se prevé que esté abierto el nuevo centro de interpretación del parque, cuyas obras exteriores han coincidido con las últimas primaveras húmedas.
La calidad del agua que está entrando también preocupa. “De momento nos llega con una calidad moderada, similar a la de años anteriores”, dice el director.
De la calidad del agua depende el desarrollo de las praderas de plantas subacuáticas que son determinantes para una potente nidificación con el mejor alimento para la avifauna.
El efímero oasis que todo mundo celebra
Las empresas de turismo de naturaleza están encantadas con la situación del parque, un verdadero oasis. Solo falta que el río Guadiana, “la madre vieja”, corra por las Tablas como en los grandes momentos de lluvias.
La entrada del río Gigüela en el parque nacional hizo que al día siguiente, el 12 de febrero, se dejará de bombear agua de los sondeos subterráneos del parque para evitar los incendios de turberas y garantizar una mínima lámina de agua en los periodos más secos.
La recuperación del acuífero sobre el que se asientan las Tablas de Daimiel es más compleja. Las últimas estimaciones hablaban de que el agua subterránea está a treinta metros, de la superficie, y a más profundidad aún en los míticos ‘Ojos’ del Guadiana.
Las Tablas, un humedal único en Europa
Las Tablas de Daimiel son un humedal prácticamente único en Europa, el último representante del ecosistema tablas fluviales, antaño característico de la llanura central de la península ibérica.
El ecosistema de las Tablas es complejo y mezcla las características de una llanura de inundación, producida por los desbordamientos de los ríos Guadiana y Gigüela en su confluencia (la última vez en 2018), con un área de descarga de aguas subterráneas procedentes de las masas de aguas subterráneas del antiguo acuífero 23, ahora Mancha Occidental I, II y Rus-Valdelobos.
Estos desbordamientos, favorecidos por la escasez de pendiente en el terreno, llevan emparejados el desarrollo de una potente y característica cubierta vegetal que constituye un excepcional hábitat para toda la fauna ligada al medio acuático.
Con la declaración del parque nacional en 1973 se dio un gran paso en la conservación de uno de los ecosistemas más valiosos de La Mancha, asegurando así, la supervivencia de la avifauna que utiliza estas zonas como área de invernada, mancada y nidificación, creando una zona integral de aves acuáticas.
Las Tablas también han sobrevivido a un intento de desecación de los años sesenta, con signos todavía visibles. De aquella época es la presa de Puente Navarro para canalizar el río Gigüela, que ha alcanzado los 2,68 hm³ este invierno de los 4 hm³ de máxima capacidad.
Fuente: lanzadigital












